sábado, 30 de enero de 2016

Somos todos un poquito de cada persona que conocemos en esta vida, y cada persona que conocemos nos lleva un poquito con ellos. Cuando alguien se va de este mundo, cuando se transforma en otra cosa, todo lo que fue queda disperso en la gente que conoció. Por eso es tan importante conocer gente, porque no sólo permanecemos a través de ellos, sino que nos forman, nos pulen y nos cambian para mejor. Lo que no queremos ser aprendemos a dejarlo ir, y adoptamos lo que sí queremos incorporar en nuestras vidas, en nuestras personalidades.

viernes, 29 de enero de 2016

Oda a mis pelitos



Después de hacer ejercicio, desnuda en el baño, me enfrenté a una gran decisión. Agarré la afeitadora, guardada hace tiempo, le cambié el cabezal, y estaba pronta para meterme en la ducha, miro mi mano, miro la afeitadora, reflexiono un momento en las consecuencias: seguro, saldría de ducharme toda suave, pero al poco tiempo ya tendría esos malditos cabitos molestándome, pinchándome, raspándome, y en el plazo intermedio en que crecen me dejan más olorosa, como si ese fuera su quejido, su réplica a mi asesinato. Me pregunto si es lo que realmente quiero hacer: desde que dejé de depilarme y comencé a exponer mi piel en público me siento bien con mi imagen, conmigo misma; me siento conforme con el cuerpo que me fue dado, ya no pienso que no es mío, sino que lo tomo por completo, me adueño, me apropio de mi estado físico. Me siento bien peluda, me siento completa. Antes sentía que algo me era arrebatado, tanto física como mentalmente; me sentía despojada de algo que me pertenecía, tanto el ideal de mis pelos como algo bello, como mis propios vellos corporales. Robados, en masa, por algo, alguien desconocido.
Hace días que he estado sintiendo el impulso de depilarme. Es increíble hasta dónde puede llegar la presión social, las críticas del lado interno de las paredes del hogar, donde uno debería sentirse seguro, no juzgado por ser quien realmente es.
Me di cuenta que lo que quería hacer era seguir teniendo mis pelitos, tan tiernos y tan fuertes, ya que cada vez que son despojados de su hogar, ellos persistentemente vuelven, y pelean por quedarse.
Decidí dejarlos donde deben estar, donde fueron puestos, porque me hacen sentir bien.
¿Cómo algo tan pequeño, algo tan insignificante como los pelos pueden cambiar tanto, pueden significar el sano estado mental de una persona?
Desde que no me depilo no he vuelto a tener episodios depresivos, y de cuestionamiento de mi sexualidad.
Desde que soy chica me cuestiono mi sexualidad. Habiendo nacido en un hogar con dos hermanos varones mayores, siempre quise hacer lo que hacen los hombres, siempre quise seguir los pasos de mis hermanos, eran mi ejemplo a seguir, mi modelo, mis compañeros. Quería jugar con ellos y sus amigos, quería trepar árboles, jugar a la pelota, a las escondidas, quería pelear, pero también quería jugar con muñecas, y vestirme linda, cómoda más que nada.
A medida que fui creciendo fui desarrollando ese estado, de comodidad, me encantaba estar descalza de niña, ahora también, despeinada, de espalda arqueada, sin posturas impuestas, sin falsedades, ser yo.
Hoy visto calzado deportivo y calzas o shores flojos, materiales respirables como algodón, me encanta poder moverme ágilmente y estar lista siempre para correr si es necesario. También uso sandalias y vestidos, los días de calor a veces es insoportable.
Estamos en verano en Uruguay, son los últimos días de Enero. No me depilo hace ya 5 meses, y mi cuerpo está agradecido, me siento plena, me siento cómoda. De eso se trata, de sentirse bien. He ido a la playa en este estado, y me he puesto vestidos para salir a la calle. Tengo suerte de ser ingenua y no darme mucha cuenta de las miradas de la gente, sé que existen porque gente a mi alrededor me comenta lo que ve. Desafortunadamente tuve que experimentar, en una parada con bastante gente, habiendo paro de trasporte público, las miradas de una niña que le preguntaba a su madre qué estaba pasando, de un hombre adulto que me miraba con cara mala porque estaba golpeando lentamente su vidrio mental donde están escritos con drypen todos sus esquemas sobre cómo todo tiene que ser, esquemas claramente impuestos por el orden mundial, por las empresas que inventaron la depilación no como comodidad, sino como un negocio para vender. Nos hicieron creer que la mujer depilada es linda porque nos la hacen ver como depurada, limpia. Mi propia madre me ha dicho que mis pelos me hacen parecer sucia, y yo me pregunto, ¿los de mis hermanos no los hacen ver sucios? Mis hermanos usan barba, ¿acaso tienen la cara sucia todo el tiempo? Yo soy limpia, me baño todos los días, todos los días me lavo el pelo, uso desodorante (de hombre, porque para las mujeres sólo existe antitranspirante asesino de poros, que no nos dejan sudar, no dejan a nuestra piel respirar, HASTA EN ESO NOS CONTROLAN).
Me pregunto por qué cuando la gente ve a una mujer sin depilar no se pregunta por qué le impresiona, por qué es algo raro, tan fuera de lo común ver a alguien en su estado más natural.
Volviendo al tema previo, desde que soy chica me cuestiono mi sexualidad. En mi adolescencia agonizaba de ansiedad queriendo saber si me gustaban las mujeres, por qué no, pero no lo sabía porque no me había enamorado nunca de una. Miento, una vez yendo al liceo me crucé con una mujer adulta en la parada de ómnibus, y su belleza me cautivó, me sentí atrapada en sus ojos profundamente verde mar, tirando a oliva. Sentí mi corazón latir fuerte. Creo que de todas formas me lo estaba imaginando, la imaginación es un gran componente de nuestras vidas, afortunadamente. Cuando era chica no temía a nada y por tanto inventaba que le tenía miedo a un peluche de mi hermano, imaginaba que me miraba mientras dormía, sólo para poder sentir eso que todos los otros niños sentían, miedo. Quería saber lo que era, y antes de acostarme miraba “Los Archivos X” junto a mi madre, buscando asustarme, intentando con todas mis fuerzas imaginarme que los monstruos que encontraban existían en la vida real, imaginando que interactuaban conmigo, para poder sentir escalofríos, sentir ese impulso que te recorre la espina dorsal y te pone los pelos de punta. Sacaba libros de terror de la biblioteca, miraba ‘’¿Le temes a la oscuridad?” y “Goosebumps” buscando eso que ‘me faltaba’.
Hice lo mismo con mi sexualidad, inventé que me gustaban las mujeres, intentando explorar ese lado que no tenía, para darme cuenta más de grande (a pesar de que sigo sosteniendo la hipótesis de que todos somos pansexuales ‘reprimidos’, porque la capacidad de amar va más allá de cualquier hecho físico, para enamorarnos no necesitamos que una persona sea esto o lo otro físicamente, sino en la personalidad) que me gustan los hombres solamente, pero no cierro la puerta de que algún día una persona de otro género me robe el corazón con su encanto y su sabiduría culinaria, por ejemplo.
Todo el tiempo de mi vida que he perdido intentando conocerme debido a que la sociedad se empecinó en hacerme perder, en desviarme de mi camino natural, tanto tiempo cuestionándome cosas que deberían fluir, tanto tiempo gastado en pensar por qué las cosas son de una manera y no se permiten desviaciones, caminos nuevos, tiempo gastado en descubrir lo que quiero, en aceptarme, aceptar que mis gustos son diferentes, que mis metas son distintas de las de otras personas, en derribar paradigmas en mi propia mente y en hacerles entender a los de mi alrededor que está bien romper esquemas, ser diferente, siempre que te haga sentir bien.
Lo importante de esta vida es disfrutar el corto pasaje, es apropiarse de uno mismo, de lo que le es dado, es sentirse agradecido de tener un cuerpo para poder experimentar todos estos impulsos nerviosos, estas sensaciones tan lindas que nos dan las superficies, la música, la lluvia fría, caminar descalzo en la arena, la dulzura de las frutas, de los mimos, de un lindo paisaje natural o arquitectónico, el aroma de las flores, de las plantas aromáticas. Todo eso está para disfrutarse, y uno tiene que agarrar lo que tiene y ser feliz con eso.
Yo soy feliz con mis pelos, me dejan preocuparme por otras cosas que considero más relevantes, me eliminan de ese mercado violento y ofensivo, y me dejan disfrutar de otras cosas. Mis pelos son suaves, huelen bien y regulan mi temperatura corporal perfectamente. Son mis antenitas que me guían por el camino correcto, el camino de sentirse bien con uno mismo.
No creo que me vaya a depilar a corto plazo, y tal vez tampoco a largo plazo.
Me siento bien con mi cuerpo como es, y decido dejarlo crecer para donde quiera.
Cada uno elige su camino, yo ya elegí el mío.